Martes, 8:01 de la mañana. He vuelto a olvidarme de quitar esta absurda alarma del móvil. Despierto, aunque aturdido, abro Twitter casi por acto reflejo. Un tweet de NJPW lleno de ininteligibles caracteres japoneses aparece en lo alto de mi timeline. Entre ellos, un “1.5″ da una pista evidente de que está pasando aquí. Ya puedo pasar a apurar mis últimos 22 minutos de sueño.

Mientras desayuno sigo mirando el tweet, aunque ahora es el de la (horrible) cuenta global de NJPW. En efecto, los títulos IWGP Heavyweight e IWGP Intercontinental serán defendidos en la primera noche de Wrestle Kingdom, siendo la segunda donde los campeones se enfrentarán por el trono absoluto de NJPW.  Leo en las replies que la encuesta en Line, dirigida al aficionado japonés, finalizó con 16.000 votos a favor de la defensa doble por 9.000 de la del Heavyweight. Me es imposible no pensar en que esto es lo que quería, porque vaya si lo quería. Sin embargo, también tengo clarísimo que esto no me convence todo lo que debería, y es por eso que estoy escribiendo unas líneas que tenía guardadas desde hace meses.

No es ningún secreto que todo esto tiene a Naito como “shuyaku”. Es el favorito para llevarse todo, por motivos evidentes. Es su arco de personaje, el cual anunció explícitamente a comienzos de año y el cual se ha mostrado incluso en su VTR de entrada, y la situación es totalmente propicia para él. No darle lo que debería tener desde hace rato se sentiría increíblemente anticlimático y significaría repetir un error enorme.

Naito ha gozado, pese a estos horribles dos años de booking, de niveles de popularidad elevadísimos. En el último año, y con este arco totalmente presente, el apoyo se ha mantenido, especialmente en los grandes momentos como en esa durísima derrota en la “semifinal” del G1 ante White. Aún con todo esto y siendo Naito una figura de indiscutible popularidad, el anuncio de este cierre de Wrestle Kingdom tuvo una reacción mixta en Osaka y en redes sociales japonesas.

Es muy difícil defender que esta sea la vía correcta para llegar a ese gran momento de Naito si no eres fan del Ingobernable, pero también lo es para el que si adora al que fue el “Stardust Genius”.  Un fanático de Ibushi se encontrará con que su ídolo apunta a quedar eliminado en una simple semifinal por el título absoluto en lugar de con la coronación de una estrella inmensamente popular y que tampoco tiene 28 años como para esperar una construcción larga e innecesaria. Sin embargo, el verdadero fanático de Naito lo tiene aún peor.

El fanático de Naito está inmensamente feliz por la posibilidad de ver a Tetsuya en la cima total del puroresu. Sí, es un pequeño sueño cumplido, pero todos tenemos presente que esto no debía ser así. No de esta manera.

Hablando desde mi experiencia personal, lo que me fascinó de Naito fue su original arco de personaje; el de un hombre que se rebeló contra el mundo y hasta contra si mismo para encontrar su lugar y sus “parejas”, el de alguien dispuesto a ir con los suyos contra todos para, ya liberado y feliz, convertir a ese mundo en contra en una legión dispuesta a ir con él hasta cumplir su Destino. Deseaba ver como el arco de Tetsuya Naito, cristalizado en ese inolvidable G1 27 y que debió concluir el 4 de enero de 2018 en una victoria histórica que le hubiese cimentado como el hombre de NJPW en su momento de mayor popularidad, se cerraba legitimando todo el camino previo.

Siempre creeré que NJPW estaba lista para dar un salto aún mayor del dado, usando a Naito como principal figura para el público japonés, intentando incluso un asalto al mainstream gracias al icono popular en el que Naito se había convertido. Con todo, la rabia emocional viene de no haber culminado aquella victoria, devaluando y convirtiendo en una tragicomedia el viaje de “El Ingobernable”, porque lo verdaderamente importante siempre fue esto, el viaje en el que vimos crecer la figura de Naito.

Que ese mismo público, que en su inmensa mayoría ha estado con Naito, tenga dudas por el anuncio de Wrestle Kingdom no es contradictorio. Esto se debe a la sensación de que el camino de Naito hacia su sueño de los dos cinturones -salir campeón máximo de WK se ha convertido en una mera casualidad dictada por la propia NJPW-. La sensación de conquista, la natural y orgánica aventura que nos atrapó a casi todos, ha quedado convertida en un forzado “torneo” en el que ganar dos matches seguidos te lo dará todo.

Quizá ese fan dudoso, que tiene en su arroba de Twitter “LIJ” o “Naito”, quería ver a Tetsuya ganando este G1 o destronando a White o Tanahashi en el MSG. Sea como sea, el hombre que se rebeló ante todos, compañía incluida, por ver su sueño cumplido ahora está en buena posición porque la casualidad ha querido que este año Wrestle Kingdom se celebre en dos días y a NJPW esto le haya parecido buena idea de cara a llenar el Tokyo Dome. Al menos esta es la sensación que le queda al aficionado. También aparecen otras dudas que nada tienen que ver con Naito. El hecho de que la propia NJPW haya promulgado este ángulo de manera totalmente oficial, ha hecho que varios aficionados estén temerosos de una unificación. Otros recuerdan la figura de un Shinsuke Nakamura que, al menos en kayfabe, hizo ver su cinturón blanco como el premio mayor y suficiente. No parece tampoco sostenible el tener defensas simultáneas de los dos cinturones, más aún conociendo como suele trabajar NJPW.

Por si esto fuera poco, los perdedores de la noche uno se enfrentarán en una final de consolación en la segunda, que a buen seguro les da un billete para una nueva oportunidad en The New Beginning. Pobre del que pierda los dos combates seguidos y vea como su gran spotlight se convierte en un mazazo enorme. Esto sería durísimo para el ascenso de White, pero al menos el camino previo y su propia posición y personaje le dejan en un espacio más cómodo para resurgir. Con todo, bastantes indicadores apuntan a que este perdedor será un Kota que ha pasado de puntillas por el camino hacia Wrestle Kingdom y que sufriría la venganza de White para ver deslegitimada además su victoria en el G1. ¿Otra redención para 2020? Pereza, mucha pereza.

Da que pensar que, si se diese la situación de que no es Naito quien se lleve los cinturones, sería difícil aprovechar correctamente este enorme push. Para Kota no habría construcción, lo cual ya es grave de por si siendo retador al título heavyweight, por lo que se haría rarísimo ver un premio tan importante conseguido de manera tan plana. En el caso de Okada nos encontraríamos ante el enésimo overpush, saturando aún más la escena titular con su figura y enquistando el producto. White, que viene en un gran ascenso, sería expuesto a una situación anticlimática que generaría una antipatía hacia el producto mucho mayor que el heat que conseguiría el neozelandés.  NJPW se ha metido en un callejón en el que Naito es la única salida, haciéndole ver como una opción menos mala en lugar de como el gran acierto y triunfo.

Creo firmemente que esta idea no es más que una huida hacia adelante de un booker y una empresa que optaron por el camino fácil en WK 12, seducidos por esa expansión facilona y sin identidad que ocupó buena parte del año 2018, solo para ver como The Elite fundaba su propia empresa tras haber parasitado el producto y la identidad de NJPW durante muchísimo tiempo, apoyados en los ya conocidísimos mecanismos publicitarios que funcionan en el pro-wrestling fuera de WWE. Con todo, ahora tendremos que soportar a fanáticos occidentales pasando facturas absurdas, trazando mil líneas divergentes para autoconvencerse de que este fue el plan maestro del paladín del long term booking, Gedo. De haber sido así, había vías muchísimo mejores y menos dañinas con el producto de la empresa, algo que puede ver cualquiera que  haya seguido con cierto interés y respeto a la empresa del león.

No tengo ninguna duda de que, en caso de que Naito cierre Wrestle Kingdom como merece, el Tokyo Dome entero celebrará y gritará con máxima felicidad ese icónico “DE  JA-PÓN”  como hizo el Ryogoku en la final del G1 Climax 27. En aquel momento las emociones lo invadirán todo y  lo importante será la victoria, pasando todo lo demás a un plano secundario. Y esto es tan cierto como que esa gran mayoría de aficionados saben que la magia de ese gran momento pudo haber sido mucho mayor.